Posted in llena de mi - sitiada en mi epidermis | Tagged i'm only a person with Eskimo chain | Leave a Comment »
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L.
Posted in San Pedro de los pinos, The Kingdom, Warwifery | Tagged burning flowers | 3 Comments »
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The joy of the Mind, in our own fashion:
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L.
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The joy of the throat, in our own fashion:
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Non sum qualis eram bonae sub regno Cynarae, by Ernest Dowson
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L.
Posted in El hedonismo de las letras | Leave a Comment »
si hay algo bonito en el mundo es el sufijo ness. todo con ness, cualquier sustantivo, adjetivo o nombre propio se vuelve un estado de ánimo… un algo enorme que lo abarca todo. greenness.
………………………………………..lady Macbethness.
………………..haziness.………………………………………………………..adhesiveness.…………….
bookishness.………………………eeriness.………..…………………………………………..recklessness.
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Loch Ness
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L.
Posted in Inhabitants | Tagged Nessy my love, the nessness of it all | 1 Comment »
Las artífices del reino han desarrollado una fijación –esperemos temporal– por los higos en dulce y el salami, y se ha mandado un decreto a los habitantes de Liqüiritia que prohibe la ingestión de cualquier otro alimento…
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L.
Posted in San Pedro de los pinos, The Kingdom | 1 Comment »
In the beginning there was sky. Friends were kept in petit drawers inside the screen, in boxes formatted to fit their chests. Like chicken, their hearts were always bigger than their chests, wanting to come out, wanting to beat out. But no, everything was smoothly planned to stay in one place. Their boxes were part of this sky, where a concrete bridge ran through full of cars so distant that they muffled time (but capitalized it too). One by one, like eggs breaking with a creaky sound, they bursted into the mind of the writer who assigned a finger to go and look. This is what happened in the beginning. It was a full time job for the writer, and a delicate one too, to have so much sky in his mind and only one finger to order and sustain.
Posted in Chronic Anachronism, Inhabitants, San Pedro de los pinos | Leave a Comment »
Impasse, ápora, blank wall.
(An impossibility of communication, yet an outright belief in it — Let’s let images tear apart for its sake, like pebbles)

pomegranate
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L.
Posted in Ruby grape of Proserpine, Warwifery, llena de mi - sitiada en mi epidermis | Leave a Comment »
Las mañanas en el reino son airosas y ligeras. Nuestras cortinas son velas de barco, y se curvean con el viento.
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L.
Posted in Sweet lovely Nancy, The Kingdom | Leave a Comment »
Qué delicado balance es la realidad. El reino de Liqüiritia (con su contraparte en la colonia San Pedro) se ha convertido en una precaria burbuja que amenaza todos los días con tronarse. El piso se nos escapa de los pies. Y mientras vamos descubriendo nuestra vocación de anfitrionas, nuestro hedonismo simple pero diseñado siempre con gusto, con el gusto de compartir, nos asecha la sensación de que si volteamos demasiado rápido todo se va a convertir en estatua de sal.
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Daniela Edburg, "Death by cotton candy"
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L.
Posted in Chronic Anachronism, Desafíos al tiempo moderno, The Kingdom | Tagged tanto vestido blanco | 1 Comment »
Proyecto de transcripción
[uno punto cero]
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La fuerza de una carretera varía según se le recorra a pie o se la sobrevuele en aeroplano. Así también, la fuerza de un texto varía según sea leído o copiado. Quien vuela, sólo ve cómo la carretera va deslizándose por el paisaje y se desdevana andte sus ojos siguiendo las mismas leyes del terreno circundante. Tan sólo quien recorre a pie una carretera advierte su dominio y descubre cómo en ese mismo terreno, que para el aviador no es más que una llanura desplegada, la carretera, en cada una de sus curvas, va ordenando el despliegue de lejanías, miradores, calveros y perspectivas como la voz de mando de un oficial hace salir a los soldados de sus filas. Del mismo modo, sólo el texto copiado puede dar órdenes al alma de quien lo está trabajando, mientras que el simple lector jamás conocerá los nuevos paisajes que, dentro de él, va convocando el texto, esa carretera que atraviesa su cada vez más densa selva interior: porque el lector obedece al movimiento de su Yo en el libre espacio aéreo del ensueño, mientras que el copista deja que el texto le dé órdenes. De ahí que la costumbre china de copiar libros fuera una garantía incomparable de cultura literaria, y la copia, una clave para penetrar en los enigmas de la China.
…………..–Walter Benjamin
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