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Archive for the ‘Chronic Anachronism’ Category

Musaraña

A fuerza de pensar en todo menos en mi trabajo, he caído en la reflexión de que la musaraña es un animal muy simpático, no obstante su corta talla:

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L.

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ya no se nada del mundo, esa es la verdad. mi pensamiento libre de compromisos laborales e inmediatos se reduce a listas de super, a leer unas lineas de Wallace Stevens y  de Jack London, pensar en la paloma que decidió dar a luz en mi casa (y en cómo regar la pobre planta que ahora es fuerte de ovíparos), y ya: es verdad que no se nada del mundo.

hay veces que la mente es como un espacio grandísimo y baldío donde caen cosas -pareciera- cada mil años. asi estoy. se oye el mar…

mi diario es una lista de recetas médicas y de nombres de plantas;

mis pulmones vibran por dentro como un refrigerador en la noche;

y por el momento, nada más me es dado.

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expanded airport

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L.

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At last the secret is out, as it always must come in the end,
the delicious story is ripe to tell to the intimate friend;
over the tea-cups and into the square the tongue has its desire;
still waters run deep, my dear, there’s never smoke without fire.

Behind the corpse in the reservoir, behind the ghost on the links,
behind the lady who dances and the man who madly drinks,
under the look of fatigue, the attack of migraine and the sigh
there is always another story, there is more than meets the eye.

For the clear voice suddently singing, high up in the convent wall,
the scent of the elder bushes, the sporting prints in the hall,
the croquet matches in summer, the handshake, the cough, the kiss,
there is always a wicked secret, a private reason for this.

-W. H. Auden
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L.

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And our New Year’s balloons
are starting to wilt,
just like our resolutions.
Last night when I came home
one was already
barely
hanging
by one of its points,
faintly
scratching
the ceiling with a rasping,
moaning little sound…

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L.

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El hedonismo como paliativo de la insatisfacción

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(El hedonismo tortuoso, el hedonismo engaño, el hedonismo la mañana siguiente, el banquete que no basta, el banquete de la noche anterior, el banquete podrido y triste)

 

 

L.

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Leyendo el último tomo de Replicante corroboro lo que ya sabía: México es un lugar sin cara. Lo veo desde mi balcón todos los dias, veo al cuerpo desparramado del país, ahí, sosteniendo coches y casas, locales comerciales, segundos pisos, taxistas, senadores borrachos y tristes, meseras guapas, relaciones patológicas, pretenciones cosmopolitas, y todo bajo el velo de un nombre propio.

Intento descepcioname y no puedo… En México solo existe el presente, aunque lingüisticamente pase lo contrario, aunque el ayer y  el mañana preponderen siempre en nuestro termómetro-vocabulario y el dia sea solo un dia más, vivido en aras de algo más, en aras del dia libre,  tal vez, que por cierto se consume peor que un cerillo, más rapido y menos especial.  Lo que sorprende al fin de cuentas en este país es algo que llegue a tiempo, algo que no tropieze con mil obstáculos antes de llegar, y eso es la defición de fenómeno.  Es verdad que toma tiempo la distancia (qué paradoja). Es verdad que la burbuja es imposible, que vivo, quiera o no, en un pais dormido que habría que despertar de una cachetada, no de un beso enamorado. Que vivo -cómo no aludirlo- encima del pasiente anestesiado. Pero que vivo, también, ante la posibilidad de diferencia. Aunque esa diferencia sea forzosamente la exiliada. Ay, Freud, en tu civilisación y sus descontentos, vivo encerrada en mi casa y en sus libros. Trabajo por dinero, por la antropología social que me asquea, por necesidad y por etapa, no por convicción, nunca. Veo desde mi casa un pedazo de México que se mueve, un eje vial, y no siento nada mas que la oportunidad de no estar ahí, de no ser parte de eso, de ser yo, encerrada en mi ineficiencia social, en mi, en mi diferencia.

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In the beginning there was sky. Friends were kept in petit drawers inside the screen, in boxes formatted to fit their chests. Like chicken, their hearts were always bigger than their chests, wanting to come out, wanting to beat out. But no, everything was smoothly planned to stay in one place. Their boxes were part of this sky, where a concrete bridge ran through full of cars so distant that they muffled time (but capitalized it too). One by one, like eggs breaking with a creaky sound, they bursted into the mind of the writer who assigned a finger to go and look. This is what happened in the beginning. It was a full time job for the writer, and a delicate one too, to have so much sky in his mind and only one finger to order and sustain.

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