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Archive for the ‘Desafíos al tiempo moderno’ Category

Leyendo el último tomo de Replicante corroboro lo que ya sabía: México es un lugar sin cara. Lo veo desde mi balcón todos los dias, veo al cuerpo desparramado del país, ahí, sosteniendo coches y casas, locales comerciales, segundos pisos, taxistas, senadores borrachos y tristes, meseras guapas, relaciones patológicas, pretenciones cosmopolitas, y todo bajo el velo de un nombre propio.

Intento descepcioname y no puedo… En México solo existe el presente, aunque lingüisticamente pase lo contrario, aunque el ayer y  el mañana preponderen siempre en nuestro termómetro-vocabulario y el dia sea solo un dia más, vivido en aras de algo más, en aras del dia libre,  tal vez, que por cierto se consume peor que un cerillo, más rapido y menos especial.  Lo que sorprende al fin de cuentas en este país es algo que llegue a tiempo, algo que no tropieze con mil obstáculos antes de llegar, y eso es la defición de fenómeno.  Es verdad que toma tiempo la distancia (qué paradoja). Es verdad que la burbuja es imposible, que vivo, quiera o no, en un pais dormido que habría que despertar de una cachetada, no de un beso enamorado. Que vivo -cómo no aludirlo- encima del pasiente anestesiado. Pero que vivo, también, ante la posibilidad de diferencia. Aunque esa diferencia sea forzosamente la exiliada. Ay, Freud, en tu civilisación y sus descontentos, vivo encerrada en mi casa y en sus libros. Trabajo por dinero, por la antropología social que me asquea, por necesidad y por etapa, no por convicción, nunca. Veo desde mi casa un pedazo de México que se mueve, un eje vial, y no siento nada mas que la oportunidad de no estar ahí, de no ser parte de eso, de ser yo, encerrada en mi ineficiencia social, en mi, en mi diferencia.

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Qué delicado balance es la realidad. El reino de Liqüiritia  (con su contraparte en la colonia San Pedro) se ha convertido en una precaria burbuja que amenaza todos los días con tronarse. El piso se nos escapa de los pies. Y mientras vamos descubriendo nuestra vocación de anfitrionas, nuestro hedonismo simple pero diseñado siempre con gusto, con el gusto de compartir, nos asecha la sensación de que si volteamos demasiado rápido todo se va a convertir en estatua de sal.

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Daniela Edburg, "Death by cotton candy"

Daniela Edburg, "Death by cotton candy"

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L.

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[un video honesto,
de muy mala calidad,
para siempre]

...un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.


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L.

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1. Vaya a la costa.

2. Siéntese, viendo al mar, sobre una roca cerca de donde rompen las olas, de manera que a los pies les llegue el agua cada cinco o diez minutos.

3. Espere a que suba la marea.

(al principio el agua refrescará la piel expuesta al sol; al final habrá un aire fresco y la espuma del mar se sentirá tibia)

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L.

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1. Vaya a la costa.

2. Siéntese, viendo al mar, sobre una roca cerca de donde rompen las olas, de manera que a los pies les llegue el agua cada cinco o diez minutos.

3. Espere a que suba la marea.

(quedará usted mojado de cuerpo entero)

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L.

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